Murió Ángel González


“Ojalá los españoles se enteren, los que no se enteraron antes, de que este señor era un poeta en carne viva y uno de los seres humanos más dignos, decentes y ejemplares que han existido. He perdido a un maestro, a un padre, a un hermano, a un amigo, a una guía, a un ejemplo,… y, desde luego, a un poeta digno de que mañana se acaben todas sus existencias en las librerías.

¡Bendito sea Angel González!”

 Joaquín Sabina

Estando ocupado tratando de encontrar una expresión correcta para una acción que se realiza en el medio informático, tampoco había leído las noticias, hoy me encuentro con que hace 5 días murió uno de mis favoritos, el poeta Ángel González.

En México es difícil leer su obra, sin contar las antologías poéticas es casi imposible encontrar un libro con sus letras, es una lastima. Hace años tuve el privilegio de leer Tratado de Urbanismo el cual incluye uno de mis poemas favoritos Inventario de lugares propicios al amor. También he podido leer Otoños y otras luces tal vez 3 ó 4 veces, esto es porque se encuentra en la Biblioteca Central de la UNAM.

Los dejo con estos poemas de Ángel González:

A veces, un cuerpo puede modificar un nombre.

A veces, las palabras se posan sobre las cosas
como una mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos.
Sin embargo, cuando pienso en tu nombre, eres
tú quien le da a la palabra color, aroma, vida.
¿Qué sería tu nombre sin ti?

Igual que la palabra rosa sin la rosa:
un ruido incomprensible, torpe, hueco.

También un nombre puede modificar un cuerpo.

Si te llamaras Elvira,
tu vientre sería aún más terso y con más nácar.
Pero tan sólo el nombre de Mercedes
depositado por mis labios en tu cintura
condensaría la forma de esa espuma indecisa
que recorre tu espalda cuando duermes de bruces.
Respóndeme cuando te diga: Olga,
y verás que en tus pechos un rubor palidece.
El nombre de María te volvería traslúcida.
Guarda silencio si te llamara por un nombre
que no pronuncio nunca,
porque si entonces respondieses
tus ojos – y los míos – se anegarían en llanto.
Una prueba final;
cuando sonríes
te pienso Irene,
y la sonrisa tuya es más que tu sonrisa:
amanece sin sombras la alegría del mundo.
¿Y si te llamo como tú te llamas…?
Entonces
descubriría una verdad:
en el principio no era el verbo.
El nácar y la espuma,
la palidez rosada,
la transparencia, el llanto, la alegría:
todo estaba ya en ti.
Los nombres que te invento no te crean.
Sólo – a veces
son como luz los nombres… –
te iluminan.

Ángel González.

Algunos enlaces sobre este autor:

http://amediavoz.com/gonzalez.htm

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/AGonzalez/

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